Una investigación hecha por la doctora Joan C. William, fundadora de Bias Interrupters, a más de 2.800 trabajadores concluyó que en las oficinas se les pide más “quehaceres” a las mujeres que a los hombres, como por ejemplo: encargarse de tomar notas durante una reunión, dar mentoría a los empleados nuevos o incluso limpiar las áreas de uso común.

Las mujeres hacen más tareas administrativas en las oficinas, con una diferencia de 21 puntos porcentuales en relación a los hombres.

Todas estas tareas son esenciales para que los equipos de trabajo funcionen bien y los proyectos se hagan de forma más eficiente, pero son poco reconocidas al momento de recibir un aumento de sueldo o un ascenso y hacen que las profesionales tengan que dedicar menos tiempo a cumplir sus objetivos de carrera mayores.

Este fenómeno se conoce en inglés como tightropeo cuerda corta, que es un prejuicio implícito en el que se asume que las mujeres deben tener ciertos rasgos asociados al estereotipo femenino, como ser dóciles, flexibles y poco confrontativas y entonces se les da menos espacio si no actúan de esa forma. Y mucho menos se tolera si tienen características asociadas al estereotipo masculino. El prejuicio del “tightrope” funciona de manera tácita y termina por cargarle la mano a las mujeres a la hora de hacer tareas administrativas en las oficinas.

Hay dos cosas que puedes hacer en tu equipo para reducir el efecto de este prejuicio:

  1. No pidas voluntarios. Puede parecer inofensivo, pero estereotípicamente se espera que las mujeres sean más serviciales y flexibles. Entonces hay una presión subconsciente para que sean ellas las que se ofrezcan más que ellos.
  2. Exige que todos sean igualmente responsables por las tareas administrativas. No digas cosas como “es que las mujeres lo hacen muy bien y los hombres no”. Todos tienen que hacerlo con el mismo estándar de calidad.
  3. Implementa la rotación. Define que en tu equipo ese tipo de quehaceres del empleo se hacen por turno y que todos lo van a hacer. Así las expectativas son claras.

No asignes el trabajo administrativo basado en la noción de que las mujeres hacen “mejor que los hombres” ese tipo de tareas.

La buena noticia sobre estos prejuicios implícitos es que se pueden cortar utilizando buenas prácticas, porque aunque no podemos controlar lo que nuestros cerebros asumen sobre alguien a priori, sí podemos controlar nuestras acciones para no ponerlos en práctica. Al crear una cultura laboral consciente de estas diferencias ayudamos las mujeres a tener la cancha nivelada.

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FUENTE: https://mcca.com/wp-content/uploads/2018/09/You-Cant-Change-What-You-Cant-See-Exe